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viernes, 6 de julio de 2012

Marie Antoinette


Título original: Marie Antoinette


Año de estreno: 2006
Director: Sofía Coppola
Reparto:  Kirsten Dunst (Marie Antoinette), Jason Schwartzman (Louis XVI), Rose Byrnes (Gabrielle de Polignac), Asia Argento (Jeanne Du Barry), Mary Nighy (Marie Louise de Lamballe), Jamie Dornan (Axel von Fersen).


“Todos los ojos estarán puestos en ti” dice la Emperatriz austriaca, Maria Theresa, a su joven hija Maria Antonia. Y vaya si tenía razón; Maria Antonia se convierte pronto en Marie Antoinette, la joven reina de Francia que ira madurando y creciendo en un mundo construido en colores pastel y con sabor a azúcar.

Celebración de la boda de los jovenes Delfines en la Sala de los Espejos

Louis XVI y Marie Antoinette en la Opera de Paris

Adorable. Siempre y cuando no busques una película biográfica de la última reina de Francia. La Marie Antoinette de Sofía Coppola es poco realista y tiene más bien poco que ver con la historia y la persona real, pero el mundo que consigue crear es esplendoroso y muy rosa. La historia se centra en el personaje de la reina, mostrándonos su tierna llegada a la Corte, el desbordamiento de su frivolidad y la humildad que la tocó en los últimos años de su vida.

Leyendo a Rousseau en los prados de la Aldea

No es una película histórica y la reina esta construida de manera que cae bien, pero la cinta es belleza en estado puro: los escenarios, los colores, el vestuario, el maquillaje…la comida ¡ñam!…todo es pomposo, vistoso y muy, muy dulce. Esta película, pese a no tener un argumento sólido y estar plagada de silencios, es una de mis preferidas ya que consigue su objetivo: que te olvides del mundo mientras la ves y entres a la Corte por excelencia del XVIII.

Qu'ils mangent de la brioche!

domingo, 12 de febrero de 2012

Libertad como Estado Natural

Libertad, la única palabra que ha sacudido el mundo desde su creación.
En una situación como en la que nos encontramos actualmente me pregunto si de verdad la libertad es un derecho natural del ser humano. Pienso en ello y pese a que en ocasiones me cuesta creerlo creo que la libertad fue el segundo derecho dado al ser humano. El primero fue la vida.
Los primeros hombres eran libres pues conservaban su estado natural, vivían de y para la naturaleza, formaban parte del ciclo vital de la tierra. Nacían de ella y a ella retornaban al morir.
Después la libertad se trunco y nunca más pudo ser recuperada hasta ahora.

Pero, en pleno siglo XXI, me pregunto ¿Somos realmente libres?

Desde luego creemos que lo somos, pero contemplando el mundo que me rodea con perspectiva creo que seguimos siendo esclavos. Esclavos del poder, del dinero, del trabajo y del miedo.
Esclavos de la conformidad, creo que esa seria la mejor manera de definir la sociedad actual. Dejamos que unos pocos, que en teoría han sido elegidos por el pueblo, nos vapuleen a su voluntad y nosotros, quienes de verdad nos vemos afectados con cada subida de precio o con cada reforma, no hacemos nada. Somos tremendamente conformistas y eso es debido a que somos incapaces de pensar en algo más profundo que nuestras superficiales vidas, demasiado ocupadas en trivialidades. El ser humano actual ni piensa ni va más allá de sus intereses propios y eso es triste.
El ser humano que es incapaz de pensar, de tener opinión y de saber expresarla esta condenado a la cobardía y por ende a la incertidumbre.  Sí, somos cobardes y vivimos en constante duda porque somos incapaces de pensar y esa lacra pasa de generación en generación. Nacemos cobardes y ni tan siquiera nos damos cuenta.

Creo que, lo que es necesario en estos tiempos, es enseñar a las personas a pensar.
Enseñar a la sociedad a tener sus propias ideas, dejar los estereotipos atrás, dar herramientas para que la gente pueda comprender lo que siente respecto a algo. Sólo así dejaremos de vivir en el más absoluto miedo y de temer al pasado. Sólo así podremos ser libres, pues la libertad de cada individuo nace de su pensamiento.

Hay algo que comprender ahora y que es necesario para poder avanzar; mientras exista el ser humano habrá pensamiento. Hay que dejar de viciarlo, hay que enseñarlo y desarrollarlo.
Una vez el pensamiento humano haya cambiado, también lo hará la sociedad pues no existirá ese miedo irracional al cambio. Desde que el mundo es mundo las cosas mueren para renacer.
Es el estado natural. No hay que temer al cambio, pues nosotros mismos cambiamos cada día, a veces sin percatarnos de ello.

Es necesario abrir la mente a ese cambio, aceptarlo, llevarlo con conciencia y hacer que prime, sobre todas las cosas, el derecho individual de cada persona.