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lunes, 30 de abril de 2012

Louis Antoine León de Saint-Just

*

Cuándo hablamos de los años convulsos de la Revolución Francesa siempre aparecen los mismo nombres y se juzga sólo a unos pocos de los actos que cometieron muchos.
El hombre de quien me propongo hablar hoy es uno de esos grandes desconocidos y aún así, una de las piezas que sustentaron el nombrado y temido "Reino del Terror".

Retrato de Saint-Just por Pierre-Paul Prud'hon, 1793
Musée des beaux-arts de Lyon

Louis Antoine León de Saint-Just nació en Decize el 25 de agosto de 1767.
Hijo de un militar condecorado y de una mujer de buen nombre, Saint-Just fue siempre una persona que tendía a la conflictividad. 
En su juventud tenía ya una personalidad muy marcada. 
Por aquel entonces estaba enamorado de una amiga de su infancia y tras la boda de esta con alguien más ventajoso económicamente Saint-Just huyó a París con el corazón devastado.
Se llevó algunas joyas familiares que le sirvieron para sobrevivir en la ciudad, pero cautivado por la sociedad disoluta de París, muy pronto se vio sin fondos con los que valerse.
Esta acción le valdría seis meses de internamiento en un correccional, dónde su actitud problemática, lejos de reblandecerse, se endureció considerablemente influenciando en gran medida en la redacción de su poema satírico-erótico l'Organt, una critica abierta a la monarquía y la nobleza.
Tras su vivencia en el reformatorio estudió y concluyó satisfactoriamente su carrera de Derecho, la cual curso en la facultad de Reims dónde también estudiaron otros rostros importantes de la Revolución como Brissot o Danton.


Dibujo de Saint-Just de la época.

Participo desde sus inicios en los movimientos revolucionarios de París substituyendolos una temporada por los del medio rural al regresar con su familia a Blérancourt. Allí alcanzó el grado de teniente coronel en la Guardia Nacional y efectuó un importante aprendizaje como político.
Su fascinación por el mundo grecorromano, sus ideales radicales y su participación en la detención del rey en Varennes le valieron el favor de Robespierre, quien se convirtió en su mayor aliado.

Con el beneplácito del ala izquierdista de comarcas se presenta a las elecciones a la Asamblea Legislativa en el año 1791, pero se le niega ese derecho a razón de su corta edad.
Es en 1792 cuando consigue un puesto en la Convención como representante del departamento de Aisne, uniéndose así definitivamente a los Montagnards.
Saint-Just aparece como uno de los mayores oradores de la época, destacándose su participación en el proceso y posterior ejecución de Louis XVI y en la redacción de la Constitución, en la cual se incluyeron alguno de los artículos que él mismo había redactado. Su actitud lo convertirá pronto en una de las voces más representativas de los Montagnards valiéndole el ingreso de mano de Robespierre en el Comité de Salvación Pública, dónde se batió de manera despiadada contra los Girondins.
Su política destacó por su concepción de la naturaleza del hombre en sociedad y condenó severamente toda legislación que fuera en contra de la opinión popular. No creía que el ser humano pudiera encontrar la redención en la opresión, por lo que trato de abrir el abanico social a su máximo.
Saint-Just fue, políticamente, justo.

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Será enviado por el Comité de Salvación Pública al ejercito del Rin, dónde pasará unos meses en los que demostrara su fiereza en combate y la rectitud de su carácter haciendo una purga masiva en los ejércitos fronterizos que defendían Francia del acoso europeo, ejecutando sin piedad a los disidentes.
Estos actos en el campo de batalla, la firmeza en sus palabras e ideas y su belleza le valieron el apodo de "Arcángel del Terror".

De vuelta en París participa activamente en la caída de los hebertistas y dantonistas, a quienes acusa y aniquila para garantizar la seguridad de la recién nacida República.

Dibujo de Saint-Just de la época.

Saint-Just es detenido por los reaccionarios termidorianos junto a Robespierre y da pruebas inequívocas de su integridad, apoyando a su aliado y amigo hasta las últimas consecuencias. Una amplia mayoría del pueblo de París se levantó contra el arresto de los dos lideres jacobinos liberándolos, pero al negarse Saint-Just a organizar la resistencia popular son detenidos nuevamente por los termidorianos.

Es ejecutado sin juicio el 10 de termidor, 28 de julio de 1794. Tenía 26 años.

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 * "¡Osad! - esa es la palabra que resume la política de nuestra revolución."
** "No se puede reinar inocentemente: la locura es demasiado evidente.
      Todo rey es un rebelde y un usurpador.
      Para mí no hay termino medio: este hombre debe reinar o morir."
***"No pertenezco a ninguna facción, las combatiré todas."

domingo, 12 de febrero de 2012

Libertad como Estado Natural

Libertad, la única palabra que ha sacudido el mundo desde su creación.
En una situación como en la que nos encontramos actualmente me pregunto si de verdad la libertad es un derecho natural del ser humano. Pienso en ello y pese a que en ocasiones me cuesta creerlo creo que la libertad fue el segundo derecho dado al ser humano. El primero fue la vida.
Los primeros hombres eran libres pues conservaban su estado natural, vivían de y para la naturaleza, formaban parte del ciclo vital de la tierra. Nacían de ella y a ella retornaban al morir.
Después la libertad se trunco y nunca más pudo ser recuperada hasta ahora.

Pero, en pleno siglo XXI, me pregunto ¿Somos realmente libres?

Desde luego creemos que lo somos, pero contemplando el mundo que me rodea con perspectiva creo que seguimos siendo esclavos. Esclavos del poder, del dinero, del trabajo y del miedo.
Esclavos de la conformidad, creo que esa seria la mejor manera de definir la sociedad actual. Dejamos que unos pocos, que en teoría han sido elegidos por el pueblo, nos vapuleen a su voluntad y nosotros, quienes de verdad nos vemos afectados con cada subida de precio o con cada reforma, no hacemos nada. Somos tremendamente conformistas y eso es debido a que somos incapaces de pensar en algo más profundo que nuestras superficiales vidas, demasiado ocupadas en trivialidades. El ser humano actual ni piensa ni va más allá de sus intereses propios y eso es triste.
El ser humano que es incapaz de pensar, de tener opinión y de saber expresarla esta condenado a la cobardía y por ende a la incertidumbre.  Sí, somos cobardes y vivimos en constante duda porque somos incapaces de pensar y esa lacra pasa de generación en generación. Nacemos cobardes y ni tan siquiera nos damos cuenta.

Creo que, lo que es necesario en estos tiempos, es enseñar a las personas a pensar.
Enseñar a la sociedad a tener sus propias ideas, dejar los estereotipos atrás, dar herramientas para que la gente pueda comprender lo que siente respecto a algo. Sólo así dejaremos de vivir en el más absoluto miedo y de temer al pasado. Sólo así podremos ser libres, pues la libertad de cada individuo nace de su pensamiento.

Hay algo que comprender ahora y que es necesario para poder avanzar; mientras exista el ser humano habrá pensamiento. Hay que dejar de viciarlo, hay que enseñarlo y desarrollarlo.
Una vez el pensamiento humano haya cambiado, también lo hará la sociedad pues no existirá ese miedo irracional al cambio. Desde que el mundo es mundo las cosas mueren para renacer.
Es el estado natural. No hay que temer al cambio, pues nosotros mismos cambiamos cada día, a veces sin percatarnos de ello.

Es necesario abrir la mente a ese cambio, aceptarlo, llevarlo con conciencia y hacer que prime, sobre todas las cosas, el derecho individual de cada persona.

viernes, 10 de febrero de 2012

El horizonte que se ve desde lo alto de la barricada


Enjolras estaba de pie en la escalera de adoquines, con un codo apoyado en el cañon de la carabina. Meditaba y se estremecía, como si sintiera pasar soplos; en los lugares donde está la muerte se dan efectos de trípodes. De sus pupilas, llenas con la mirada interior, salían como llamas sofocadas. De pronto levantó la cabeza, sus cabellos rubios cayeron hacia atrás como los del ángel sobre la sombría cuadriga hecha de estrellas, como una melena de león erizada y con resplandor de aureola, y habló así:

-Ciudadanos, ¿os imagináis el porvenir? Las calles de las ciudades inundadas de luz, ramas verdes en los umbrales, las naciones hermanas, los hombres justos, los ancianos bendiciendo a los niños, el pasado amando al presente, los pensadores en plena libertad, los creyentes en plena igualdad, por religión el cielo, Dios sacerdote directo, la conciencia humana convertida en altar, no más odios, la fraternidad del taller y la escuela, como penalidad y como recompensa la notoriedad, el trabajo para todos, el derecho para todos, la paz para todos, no más sangre vertida, no más guerras, las madres dichosas.

[…]

Ciudadanos, sea lo que fuere lo que suceda hoy, lo mismo si termina con nuestra victoria que con nuestra derrota, es una revolución los que vamos a hacer. Así como los incendios iluminan a toda la ciudad, las revoluciones iluminan a todo el género humano. ¿Y qué revolución haremos? Acabo de decirlo: la revolución de la Verdad.
Desde el punto de vista político, no hay más que un principio: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía mía sobre mí se llama Libertad. Cuando dos o muchas soberanías se asocian comienza el Estado. Pero en esa asociación no hay abdicación alguna.
Cada soberanía concede cierta cantidad de sí misma para formar el derecho común. Esa cantidad es la misma para todos.  Y esa identidad de concesión que cada uno hace a todos se llama Igualdad. El derecho común no es otra cosa que la protección de todos irradiando sobre el derecho de cada uno. Esa protección de todos sobre cada uno se llama Fraternidad.
El punto de intersección de todas esas soberanías que se agregan se llama Sociedad. Como esa intersección es una unión, ese punto es un nudo. De ahí lo que se llama el vínculo social. Algunos lo llaman contrato social, lo que es lo mismo, pues la palabra contrato se forma etimológicamente con la idea del vínculo. Entendámonos con respecto a la igualdad, pues, si la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no es toda la vegetación al mismo nivel, una sociedad de grandes briznas de hierba y de sardones, una vecindad de envidias que se castran mutuamente: es, civilmente, todas las aptitudes con las mismas posibilidades; políticamente, todos los votos con el mismo peso; religiosamente, todas las conciencias con el mismo derecho. La igualdad tiene un órgano: la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto: por ahí es por donde se debe comenzar. La escuela primaria impuesta a todos, la escuela secundaria ofrecida a todos: tal es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡Sí, enseñanza! ¡Luz! ¡Luz! Todo viene de la luz y todo vuelve a ella.

Ciudadanos: el siglo XIX es grande, el siglo XX será dichoso. Nada habrá entonces que se asemeje a la vieja historia; ya no habrá que temer, como al presente,  una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada, una interrupción de civilización que depende de un casamiento de reyes, un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos por disposición de un congreso, un desmembramiento por la caída de una dinastía, un combate de dos religiones que se enfrentan como dos machos cabríos de la sombra en el puente del infinito; ya no habrá que temer el hambre, la explotación, la prostitución por miseria, la miseria por desocupación, ni el cadalso, ni la espada, ni las batallas, ni todos los pillajes del azar en la selva de los acontecimientos. Casi se podría decir: ya no habrá acontecimientos. Se será feliz. El género humano cumplirá su ley como el globo terrestre cumple la suya; se restablecerá la armonía entre el alma y el astro. El alma gravitara alrededor de la verdad como el astro alrededor de la luz.

Amigos, la hora en que estamos y en que os hablo es una hora sombría, pero tal es el precio terrible del porvenir. Una revolución en un peaje. ¡Oh, el género humano será liberado, reanimado y consolado! Nosotros se lo afirmamos en esta barricada. ¿De dónde ha de salir el grito de amor sino desde lo alto del sacrificio? ¡Oh, hermanos míos!, este es el lugar de reunión de los que piensan y de los que sufren; esta barricada no está hecha con adoquines, vigas y hierro viejo; está hecha con dos acervos: un acervo de ideas y un acervo de dolores.
La miseria se encuentra aquí con el ideal. El día abraza aquí a la noche y le dice: “Voy a morir contigo y tú vas a renacer conmigo”.
Del abrazo de todas las desolaciones nace la fe. Los sufrimientos traen aquí su agonía, y las ideas su inmortalidad. Esta agonía y esta inmortalidad van a mezclarse y a componer nuestra muerte. Hermanos, el que muere aquí muere en la radiación del porvenir, y nosotros entramos en una tumba completamente empapada de aurora.-

Enjolras se interrumpió más bien que calló; sus labios se movían silenciosamente como si siguiese hablándose a sí mismo, lo que hizo que los otros, atentos y para tratar de continuar oyéndole, se quedaran mirándole. No hubo aplausos, pero se cuchicheo durante largo tiempo.
Como la palabra es un soplo. Los estremecimientos de las inteligencias se parecen a los estremecimientos de las hojas.

Parte V;   Jean Valjean
Libro Primero; La guerra entre cuatro paredes
Capítulo V: El horizonte que se ve desde lo alto de la barricada
Los Miserables, Víctor Hugo