jueves, 24 de enero de 2013

Estudio en Escarlata de Sir Arthur C. Doyle


Sinopsis

Sherlock Holmes, reconocido universalmente como el mejor detective se enfrenta, con la inestimable ayuda del doctor Watson, a su primer caso. Una explosiva mezcla de crimen, suspense, pistas falsas y venganza, dónde nuestros héroes deberán seguir el rastro de un misterioso asesino en las calles de Londres.

Opinión Personal

Llevó detrás de leer alguna de las aventuras de Holmes desde que me enganche irremediablemente al Sherlock de Benedict Cumberbatch.
Quería comprobar por mi misma si el detective más famoso de todos los tiempos era realmente tan trepidante y pese a que el género no es ni de lejos uno de mis favoritos puedo decir que disfrute bastante de su lectura. Una narración hábil y muy detallada de la escena del crimen te hace dar vueltas a la cabeza con la esperanza de llegar a la resolución del caso, pero se nos escapan muchos aspectos que a Holmes jamás le pasarían inadvertidos.

El personaje de Holmes es mordaz y muy astuto. Un icono de la literatura que no decepciona en ninguna de sus intervenciones, pero que gana muchísima fuerza con el otro protagonista de la historia el Dr. John Watson, un médico retirado y mucho más relajado en sus maneras.
Debo confesar que, justo cuando creemos estar tras la pista de nuestro asesino, la historia que hemos estado siguiendo se corta y cambia de escenario haciendo que se pierda un poco el ritmo de los acontecimientos, sin embargo, este corte en la historia es muy necesario porque nos ayudara a entender mucho mejor las intenciones que llevaron a nuestro asesino a perpetrar tan macabro asesinato.

Una novela intrépida que consigue entretenerte desde el principio y a la cual se le debería dar al menos una oportunidad. Yo, desde luego, tarde o temprano volveré a las aventuras de Holmes.

La frase

“En la madeja incolora de la vida encontramos la hebra escarlata del asesinato, y nuestro deber consiste en desenredarla, separarla de las restantes y sacar a la luz hasta el menor de sus detalles.”

miércoles, 23 de enero de 2013

Quills


Título original: Quills

  
Año de estreno: 2000
Director: Philip Kaufman
Reparto:  Geoffrey Rush (Marqués de Sade), Kate Winslet (Madeleine LeClerc), Joaquin Phoenix (Abbe Coulmier), Michael Caine (Dr. Royer-Collard), Billie Withlaw (Madame LeClerc), Amelia Warner (Simone), Stephen Moyer (Prouix).


Francia, periodo Napoleónico. Unos de los más infames escritores de la época, el Marqués de Sade, es puesto en custodia en el asilo mental de Charenton.
El escritor trata de ganarse el favor del párroco que regenta el asilo a la vez que, con la ayuda de una lavandera llamada Madeleine, publica sus controvertidas obras.
Obras que llegan hasta las manos del mismísimo Napoleón que, escandalizado, envía a Charenton al Dr. Royer-Collard, un médico con métodos poco ortodoxos.
Este suceso podría acarrear el fin de Charenton y posiblemente del propio Marques.


El Marques de Sade es uno de esos curiosos personajes que la historia nos ha dejado.
Un hombre con tendencias lascivas e irreverentes que escandalizaron a la sociedad de su época por su marcada apología al sexo y las más perversas depravaciones del hombre.

Quills es una película que si bien no cae en lo lascivo sí que hace alarde de una ligera obscenidad, ofreciendo imágenes grotescas de violencia y sexo, sin ser explicito.
Es una cinta que ayuda a entender porque el Marqués de Sade terminó sus días en un asilo mental en dónde él mismo trataba de pulgar sus demonios a través de su escritura.
La cómplice del Marques, interpretado magistralmente por Geoffrey Rush, es una joven y no muy ingenua Madeleine, interpretada por Kate Winslet.
El triangulo lo cierra un atormentado Joaquin Phoenix que encarna al párroco Coulmier, quien se ve desbordado por las continuas provocaciones del Marques y por sus propios deseos incumplidos.


Tres  protagonistas que encarnan a la perfección los comportamientos de la sociedad, el Marques que hace alarde de su poder a través de sus palabras, Madeleine que encuentra en las obras de Sade un escape para su día a día y una razón para la bondad y el párroco Coulmier que pese a querer ser conservador, no puede dejar de escuchar a sus más oscuros deseos. Si a esto le añadimos un asilo mental dónde hay todo tipo de enfermos, Quills se convierte en una completa bomba de relojería dónde lo grotesco y la belleza se difuminan entre sí.

Madeleine, seducida por el Marqués pero enamorada del párroco.

Quills es un film opresivo, con ambientes lúgubres y escenas que consiguen estremecerte por su crudeza. La locura del Marques y su obsesión son la gran baza de esta película, volviéndola retorcida e inaguantable por momentos, pero dejando una crítica muy clara hacia el ser humano.
La película se centra mucho en las perversiones y los deseos que corrompen al ser humano, mostrándolas de manera natural e incluso llegando a normalizarlas. El deseo hacia lo que no se puede poseer, el poder que corrompe a los hombres y los cree por encima del bien y del mal, el sexo como elemento subyugante y la violencia como medio para conseguir cualquier fin.
El vestuario se adapta a todos y cada uno de sus personajes, siendo por lo general extraordinariamente dejado o incompleto, destacando el atuendo del Marques que deja en evidencia la posición que un día tuvo en la sociedad y en lo que se ha convertido.


Una cinta que nos permite adentrarnos en la cabeza de Sade con una claridad abrumadora, dejando al descubierto los secretos y deseos más vergonzosos del género humano uniéndolo todo con el hilo de dos de sus obras Justine y Los crímenes del amor.
Una cinta muy interesante pero que podía dañar a los espíritus más sensibles por su lenguaje y apología explicita de la violencia, los desnudos y el sexo.
Aún así una película bien realizada y que consigue algo extremadamente difícil, no caer en la vulgaridad.


"Yo no cree este mundo de locos, simplemente me limito a plasmarlo sobre el papel."

jueves, 10 de enero de 2013

La Duquesa


Título original: The Duchess

 

Año de estreno: 2008
Director: Saul Dibb
Reparto:  Keira Knightley (Georgiana Spender), Ralph Fiennes (Duque de Devonshire), Charlotte Rampling (Lady Spencer), Dominic Cooper (Charles Grey).

Keira Knightley interpreta a Georgiana Spencer 

Georgiana Spencer se convierte en Duquesa de Devonshire al desposarse con el Duque en el año 1774, en un periodo de moda, decadencia y cambio político.
Adorada por el la sociedad, Georgiana pronto encuentra cuan decepcionante es su matrimonio, definido principalmente por su incapacidad de concebir un heredero varón para el Duque, quien le profesa una completa indiferencia. Cuando Georgiana conoce a Lady Elizabeth, cree que ella aporta algo de luz y alegría a su sombría vida, hasta que es traicionada por ella y su marido, obligándola a compartir su hogar y esposo.
Con las presiones de un marido infiel, la presión social y el constante escrutinio público, Georgiana se enamora perdidamente de Charles Grey, un político en ciernes.
Cuando el Duque se percata de la relación extramarital de su esposa, Georgiana tendrá que tomar una ardua decisión: aguantar toda una vida de sufrimiento para salvar a sus hijos o dejarlo todo y marcharse con el amor de su vida.

Una gran socialité de la época.

Hace ya mucho tiempo que vi esta película, me atrevería a decir que muy poco después de su estreno, y aprovechando que hace unos días la refresque he decidió traeros esta reseña.
La Duquesa fue una de los primeros dramas de época que vi y siempre he guardado un grato recuerdo, tanto de la película como del personaje de la duquesa.
Georgiana Spencer es uno de esos iconos incuestionables de su tiempo, no sólo por llevar lo último en moda, siguiendo los pasos de la mismísima Marie Antoinette, sino que también fue una mujer políticamente muy activa, ayudando al partido liberal en sus cruzadas.

La Duquesa, es una historia de amor no correspondido y sacrificio, como el de la gran mayoría de historias de época. Trata sobre el callado mundo de la mujer y todo lo que les estaba, de alguna manera, vetado: el amor, el placer y sobre todas las cosas; su libertad.


Keira Knightley hace una actuación estelar, sobre todo en los momentos dramáticos y en general está muy correcta durante toda la cinta, aun que habiéndola visto ya en Orgullo y Prejuicio me hacia una idea de cómo iba a encarar el personaje.
Ralph Finnes y Dominic Copper, quienes representan al Duque y a Charles Grey respectivamente, son dos secundarios de muchos peso. Finnes carece completamente de gracia o cualquier atisbo que lo haga parecer, ni por un segundo, un hombre interesante. Cumple con su parte a la perfección, poniendo un contrapunto tajante a la vitalidad de la joven duquesa. Copper, por otro lado, aporta toda esa pasión y alegría que la historia necesitaba. Pese a que vemos algo relacionado con su vida en la política, el personaje gira en torno a la relación sentimental que se establece entre él y Georgiana, cumpliendo perfectamente con el papel de amante despechado.

La ambientación, una vez más, es de diez y el vestuario es un sobresaliente muy alto. A través de los trajes se nos muestra el paso del tiempo en la vida de Georgiana: su adolescencia, su madurez, el tan aplaudido coiffure pouff y los look más relajados cuando se ve relegada a una vida de contemplación pasiva y silenciosa.


Si tuviera que ponerle un pero a esta cinta, quizás sería la rapidez con la que sucede la gran historia de amor que se vive. Es intensa, pero quizás le faltaría algo más de extensión para dejarnos disfrutar unos minutos de alguna escena que de algo de tregua a tanto sufrimiento y sacrificio.

Una gran película, con un gran reparto y una gran aura de belleza.

sábado, 5 de enero de 2013

Norte y Sur


Título original: North and South

   
Año de estreno: 2004
Director: Brian Percival
Reparto:  Daniela Denby-Ashe (Margaret Hale), Richard Armitage (John Thorton), Tim Pigott-Smith (Richard Hale), Sinéad Cusack (Mrs. Hannah Thorton), Lesley Manville (Maria Hale), Brendan Coyle (Nicholas Higgins), Anna Maxwell Martin (Bessy Higgins), Jo Joyner (Fanny Thorton), Pauline Quirke (Mrs. Dixon), Rupert Evans (Frederick Hale), Emma Ferguson (Edith Shaw Lennox).


La historia se centra en la tempestuosa relación entre Margaret Hale, una joven sureña de clase media que se ve obligada a abandonar el sur por el frío norte, y John Thorton, un hombre que salió de la pobreza gracias al negocio del algodón y que teme, sobre todas las cosas, perder el negocio que lo sustenta.
A su alrededor el entramado gira alrededor de las disputas entre obreros y dueños y entre las diferencias abismales entre el agrario sur y el industrial norte.
Margaret se hace una idea muy firme sobre el Sr. Thorton, pero a medida que la historia avanza descubrirá que no todo es lo que parece en la fría y gris ciudad de Milton.




Es bien sabido que BBC hace unas deliciosas adaptaciones de los dramas de época.
Y como no podía ser de otra forma, Norte y Sur cumple sobradamente con las expectativas.
Una vez más se nos representa la ya tormentosa relación entre dos personajes, pero sin perder ni un ápice de todo lo interesante que pasaba en la convulsa sociedad del siglo XIX.

Norte y Sur nos retrata dos realidades muy diferenciadas de una misma Inglaterra.
El frío Norte, con su industria y sus recién nacidos grupos sindicalistas. La lucha por un trabajo y un salario dignos contra la lucha por el poder y el dinero de sus dueños. Una sociedad que empieza a perder esas maneras reverenciales del siglo XIX para dar paso a una sociedad más cruda, basada en el sacrificio y en la lucha por salir de la pobreza.
Y por otro lado, el cálido Sur, un lugar que aún conserva su verdor y su naturaleza agraria. Una sociedad en que las maneras siguen siendo las de siempre y la cortesía y el saber estar son un valor imprescindible para relacionarse.
Dos mundos muy distintos que colisionan cuando nuestros dos protagonistas se conocen.
Margaret, interpretada por una brillante Daniela Denby-Ashe, aguanta estoicamente el norte pese a que no soporta la descortesía con que trata a las personas y la extrema pobreza que se vive en las calles. Tampoco es de su agrado el dueño de Malborough Mills, el Sr. John Thorton, un industrial demasiado severo con sus trabajadores, interpretado de manera magnifica por un sobresaliente (¡y atractivo!) Richard Armitage.
Unos secundarios de ensueño completan el reparto de esta maravillosa miniserie de cuatro capítulos.


La ambientación juega mucho con las luces y las formas. El norte se nos representa muy gris y lleno de edificios y callejones estrechos, las habitaciones son oscuras y pequeñas, reforzando así la sensación de falta de luz. El sur, en cambio, se nos representa muy luminoso, con espacios al aire libre, como Helstone, y las salas interiores que vemos son amplias, con colores claros y muy luminosos.


El vestuario, una vez más, esta trabajado a la perfección, tanto las ropas elegantes como los entornos más pobres, construyendo un puzzle verdaderamente bello visualmente.

Un final que conseguirá emocionarte por su sencillez y cotidianidad, sin perder la intensidad de una buena historia y todos los sentimientos encontrados de la realización de haber encontrado el amor de tu vida. Y… ¡con Richard Armitage!

jueves, 3 de enero de 2013

Parque del Laberinto de Horta

Los jardines del laberinto de Horta son un conjunto de jardines históricos ubicados en la ciudad de Barcelona, en el distrito de Horta-Guinardó. Es el jardín más antiguo que se conserva en la ciudad y se encuentra ubicado en la antigua finca de la familia Desvalls, marqueses de Llupià.

El palacio Desvalls


Las obras se iniciaron en el año 1791 cuando Joan Antoni Desvalls y d'Ardena, sexto marques de Llupià, creó el diseño de un jardín neoclásico con la ayuda del arquitecto italiano Domenico Bagutti.
La ejecución de la obra corrió a cargo de Jaume y Andreu Valls y del jardinero francés Joseph Delvalet.
Fue a mediados del siglo XIX cuando los descendientes del marques Desvalls ampliaron el parque con la ayuda de arquitecto Elies Rogent, constructor del edificio que acoge la Universidad de Barcelona, creando un jardín romántico que refleja los gustos de la época además de añadir al jardín ya existente un canal que sirve de separación entre la terraza superior y la intermedia.
Hacia 1880 se llevo a cabo la última ampliación de los jardines, creándose un jardín doméstico dónde se ofrecían veladas sociales y culturales con representaciones de teatro al aire libre.

La familia Desvalls cedió el parque y su palacio de estilo neoárabe y neogótico a la ciudad de Barcelona en 1967 y fue finalmente abierto al publico en 1971, convirtiéndose en uno de los pulmones verdes y de descanso para los ciudadanos.


La puerta China
El jardín de los Locos

En el jardín neoclásico encontramos el laberinto que da nombre al parque, formado por 750 metros de cipreses tallados. En el centro del entramado se encuentra una estatua de Eros, dios del amor.
También encontramos dos templetes de estilo italiano consagrados a Danae y Artemisa y un pabellón dedicado a las Musas, acompañado por un gran estanque nutrido por la fuente de la ninfa Egeria.

Templo de Danae

Pavellón Neoclásico

"Entra, saldrás sin rodeo.
El laberinto es sencillo, no es menester el ovillo
que dio Ariadna a Teseo."

En el jardín romántico encontramos una series de parterres a la sombra de grandes arboles. Una cascada y varias fuentes completan este estupendo paseo, que antaño se concibió para tratar el tema de la muerte con la copia de un pequeño cementerio medieval, hoy desaparecido.

Canal Rómantico

Cascada

Una visita obligada si amáis los lugares decimonónicos y con un encanto fuera de los normal.